La poesía empieza donde la palabra pierde el sentido

En el silencio angosto

En el silencio angosto
nos mirábamos temblorosos
esperando un signo
y no hundirnos para siempre
en la nada

soñábamos con el olor a tierra húmeda
en los bosques

aunque ya notábamos la gangrena
no quisimos romper el velo de la noche
con el llanto

el hollín se nos fue comiendo el cuerpo
en una ausencia absoluta de fuego

no quisimos salvarnos

venid enlutados
a contemplar las tenues cenizas
en la tierra mojada

llegó la lluvia

pero ya no estábamos para verlo


la herida

mi herida tiene
la forma de la mano que la causa

y la hondura
de un grito en las tinieblas

mi tumba tiene
la extensión de su cama







Un clamor

Un clamor de máquinas
lo anega todo

enmudece
embarrada
la ciudad de mi juventud

hacemos las maletas
y cabizbajos
marchamos al exilio

cada vez más pobres
cada vez más lejos

hoy
volvemos a los caminos
y mañana
volveremos a no ser
dueños de nuestra tierra

así hizo mi madre
así hizo mi abuela
 

los domingos

mueve una hoja de aquella planta
y creeré en ti

el que busca no debe dejar de buscar 
hasta que encuentre

me hago pajas a escondidas
en el baño casa
cuando mis padres no están

y cuando encuentre se estremecerá

siéntate sobre mis piernas

y tras su estremecimiento 
se llenará de admiración

cuando lo haces
¿piensas en chicos o en chicas?

y reinará sobre el universo

otra vez ese niño vomitando
en la escalera de la iglesia

locura de los santos

no estar estando despierto
con las cuencas vacías viendo

desmembrado
quieto
andando sin cuerpo

desierto de dios
y los hombres
solo

estar deshabitado
estando para siempre lleno

ay locura de los santos
anega esta tierra baldía



un silencio que ruja en el pecho

me hablaba del olor a tierra cavada

me hablaba del olor a tierra cavada
y del miedo a estrellarse en fondo

me decía:

dibujo mapas del abismo
a lo largo de mi cuerpo
tan borrosos
tan imprecisos
que no me sirven de nada

a veces se empeñaba en mentirme
y me juraba que nunca estuvo allí

otras veces me decía:

no te puedes imaginar
lo que es tocar el fondo
ese frío húmedo que te cala los huesos

tu cara contra el suelo
y ese sabor a vómito
mientras te retuerces y piensas
que por fin todo va a acabar

pero despiertas en cualquier rincón
y no quieres recordar lo que ha pasado

dando tumbos volvía a su casa
para habitar en un limbo exhausto
hasta que lo que quedaba de aquel hombre
tenía fuerzas
para acercarse al precipicio
y dejarse caer
con la dulzura del mártir
otra vez

pendían extrañas

Pendían extrañas del asfalto
apenas sujetas por una hebra umbilical
que les rodeaba la garganta
sumiéndolas en un ansioso silencio

por las noches
reposaban en lechos de pergamino
atrapadas en cofres de vidrio blindado

me pregunto
si bajo la luz obstinada de aquellas farolas
llegaban a brotar los suspiros

y si alguno
era mío

al menos
maría había muerto

para ella se habían acabado los golpes
el miedo
y la miseria

las otras putas del cementerio
todavía la recuerdan con cariño

maría
la tonta que llegó de valencia