La poesía empieza donde la palabra pierde el sentido

lo que más me duele

aunque eres tú
el que me dices
que ya no quieres seguir con esto

lo que más me duele
es dejarte desamparado

como a un niño

ni siquiera sabías decir te quiero
ni buenos días cariño
ni te echo de menos

yo te enseñé
todas las palabras que acarician

y ahora
te enseño las palabras que duelen

pronúcialas con mucho cuidado

¿quién te trajo
hasta mis brazos
si no sabías caminar?

¿quién te llevó a cuestas
por este mundo terrible
y te dejó en una noche oscura?

tal vez naciste el día en que te conocí

quién sabe

y quién sabe
si hoy que ya no te miro
has vuelto a dejar de existir

las palomas


Di:

“oh madre
crisálida mística
en perenne metamorfosis
que nunca sabrás de mí”

por las mañanas
voy a tomar café en el bar
de una familia china
que hay cerca de mi casa

me gusta venir aquí
porque nadie me conoce

me quedo en silencio
mirando las palomas por la ventana
comiendo nerviosas
basura del suelo

Di:

“oh crisálida
mota de polvo cósmico
ciega sorda insensible
madre”

debería dejar la ciudad
y volver al pueblo

estoy cansado de esta violencia
que te va envenenando
poco a poco

los conductores se pitan
se insultan
se pelean

la gente te pide que sonrías
en el trabajo

este ruido constante
que me hace enloquecer

Di:

“oh relámpago
que pareces iluminar el cielo
sólo para mí
y desapareces dejando el mundo
otra vez sumido tinieblas”

aquí la gente
dice que las palomas
son ratas aladas

en la casa del pueblo
teníamos un palomar

y yo
me pasaba horas mirándolas

tan pequeño
tan frágil era

Di:

"oh silencio
que me envuelves en tu regazo
y me haces presentir tu ser"

frente a la barra
una mujer
con tejanos anchos
una chaqueta barata
y el pelo corto
despeinado
se pinta los labios de rojo

junto a ella
un anciano
apoya una muleta
y paga la cuenta de los dos
callado

Di:

"oh azul
oh azul
oh azul"

el mundo
es una leve pátina
que puede disolverse
con apenas tocarla

las palomas 
podrían con sus picos
si quisieran
desenterrar la verdad

ojalá
un magma de luz
nos cegara a todos

Di:

"oh escarcha
que cubres la tierra"

anoche en el trabajo
un viejo
muy ebrio
me pidió otra copa

yo le dije que no podía
porque estaba demasiado borracho

me dijo

me quedan cuatro días
en este puto mundo
prefiero pasarlos borracho

cogí un vaso
lo llené con cuatro cubitos de hielo
puse todo el whisky que pude
se lo acerqué

y le dije
salud

Di:

"oh soledad
que cubres mi cuerpo
con una amable penumbra"

la señora mal vestida
y el viejo con su muleta
ya no están

pagaron
y se fueron

quedan
las palomas revoloteando

y yo
tan frágil
tan pequeño

cuesta abajo

cuesta abajo
ruedan las cabezas

los ojos abiertos
y una mueca de horror
y de espanto

sigue el invicto silencio
dejando estéril la tierra

más allá del azul
el cosmos se funde en blanco
y se deja escribir por cualquiera

mientras
dios duerme desde siempre
sin habernos soñado
nunca

tenue luz

es tan tenue la luz
que deja escapar
este muro de silencio

¿será el brillo de unos ojos
que me miran?

¿serán las ascuas de otro cuerpo
que se consume en el camino?

son tan pocas las fisuras
en esta insoportable
extensión de tinieblas

que sólo una lluvia de cenizas
puede equilibrar el paisaje

abrazo todos los reflejos
soñando
que son hogueras

cautivo del dulce descuido
de los místicos

Un ojo

Un ojo semilla
atrapado en seca esclerótica
orbita embelesado
alrededor de su reflejo
incapaz de fecundar la tierra

en algún momento
recuerda un eco y vacila

crujen los espejos
y una lluvia de mercurio
descubre la farsa

la soledad se desnuda
en una demoledora transparencia
y el desamparo
se adueña de todo

el ojo se descubre
y se mata

libre la semilla
desborda de sí misma
y en el barro envenenado
florece en narciso

esta mano que se aferra

una mano se aferra a mi garganta
y me abandona en un cuerpo
desprovisto de melodía

el miedo se esconde cobarde
en lo más recóndito de mis entrañas

la noche explota
y hecha añicos
se me clava en la retina

un ritmo seco y monótono
se adueña de todo

busco en la cárcel de las tumbas
enjambres polvorientos
sobre lechos de papel pintado

y me tumbo
esperando
a que alguien prenda la llama

¿despertará el miedo en el fuego?

no

otro limbo de corcho
lo anegará todo

otro abismo impreciso
me dejará sin brazos y sin piernas

y la misma mano de siempre
empezará a acariciarme el cuello
con la dulzura del primer amante

En el silencio angosto

En el silencio angosto
nos mirábamos temblorosos
esperando un signo
y no hundirnos para siempre
en la nada

soñábamos con el olor a tierra húmeda
en los bosques

aunque ya notábamos la gangrena
no quisimos romper el velo de la noche
con el llanto

el hollín se nos fue comiendo el cuerpo
en una ausencia absoluta de fuego

no quisimos salvarnos

venid enlutados
a contemplar las tenues cenizas
en la tierra mojada

llegó la lluvia

pero ya no estábamos para verlo