La poesía empieza donde la palabra pierde el sentido

dios

yo sí canto contra los dioses
de dedos índices desmesurados

contra los templos de puertas
cerradas a cal y canto

es un canto antiguo
este que traigo
tan antiguo como los dioses

mi dios es el canto de los grillos
y el de los pucheros en el fuego

mi dios es el de las luminarias de aceite
que ata por los tobillos
a los ya imprecisos abuelos
la noche del 31 de octubre

mi dios no se llama dios
se llama consuelo

El suicida de Borges




    EL SUICIDA
No quedará en la noche una estrella.
No quedará la noche.
Moriré y conmigo la suma
del intolerable universo.
Borraré las pirámides, las medallas,
los continentes y las caras.
Borraré la acumulación del pasado.
Haré polvo la historia, polvo el polvo.
Estoy mirando el último poniente.
Oigo el último pájaro.
Lego la nada a nadie.

la concha

todo empieza con un temblor de tijeras
alrededor del deseo
que te deja sin voz
en medio de la primera calle

después borras el gesto siniestro
en que te has convertido
y permanece el hueco
envuelto en el nácar

en la concha apenas oscila
un recuerdo de carne
y esperas cuerpos nuevos
que te devuelvan la vida

aquí estamos
uno frente al otro
petrificados
sin poder tocarnos

todo empieza con un insoportable
vibrar de látigos en el aire
y un crujir de espaldas cándidas
perfumadas de azahar

unas huellas en la nieve divergen
unas van a tu casa
otras esperan la ventisca



lo que más me duele

aunque eres tú
el que me dices
que ya no quieres seguir con esto

lo que más me duele
es dejarte desamparado

como a un niño

no sabías decir te quiero
ni buenos días cariño
ni te echo de menos

yo te enseñé
todas las palabras que acarician

y ahora
te enseño las palabras que duelen

pronúcialas con mucho cuidado

¿quién te trajo
hasta mis brazos
si no sabías caminar?

¿quién te llevó a cuestas
por este mundo terrible
y te dejó en una noche oscura?

tal vez naciste el día en que te conocí

quién sabe

y quién sabe
si hoy que ya no te miro
has vuelto a dejar de existir

cuesta abajo

cuesta abajo
ruedan las cabezas

los ojos abiertos
y una mueca de horror
y de espanto

sigue el invicto silencio
dejando estéril la tierra

más allá del azul
el cosmos se funde en blanco
y se deja escribir por cualquiera

mientras
dios duerme desde siempre
sin habernos soñado
nunca

eres una ciudad

eres una ciudad en el llano baldío
asediada por el tiempo y por el mundo

tus calles esperan calladas
el último embate

no sonarán las campanas
cuando el rugir de los ejércitos
toquen el perfil de tus murallas

ni desgarrará el aire
un quebranto amargo de gentes
cuando entren a saquear tus moradas

tus viejas torres
hace mucho que dan la espalda al paisaje

estás deshabitada de ti
sola
porque te has abandonado
en una noche sin luna de invierno
alma mía

estás agrietada sin remedio
esperando la ruina definitiva

quién sabe si vendrá la maleza
a poblar este yermo
en que te has convertido

sólo entonces
podrían volver los pájaros
a buscar semillas en el pedregal
rompiendo con su canto amable
esta noche de oscuro abandono 

tenue luz

es tan tenue la luz
que deja escapar
este muro de silencio

¿será el brillo de unos ojos
que me miran?

¿serán las ascuas de otro cuerpo
que se consume en el camino?

son tan pocas las fisuras
en esta insoportable
extensión de tinieblas

que sólo una lluvia de cenizas
puede equilibrar el paisaje

abrazo todos los reflejos
soñando
que son hogueras

cautivo del dulce descuido
de los místicos