La poesía empieza donde la palabra pierde el sentido

el desamparo

Este desamparo que cubre la ciudad
como un perverso tumor de hormigas
y cala en los huesos
y seca la lengua
hasta llenarte la boca de desierto

te devora el cuerpo por dentro
dejando de ti una fina envoltura

huye del sonido de las mandíbulas
que deja tu nombre sin voz

nada salva

solo hueco
y  pellejo quemado
en busca de sombra o remanso

nada salva

del contestador del teléfono

Del contestador del teléfono
de aquel diminuto piso
en el centro de la ciudad
en el que vivimos un amor enloquecido
hace veinte años
sale un hilo de voz quebradizo

dice

soy una mujer mayor sola
muy sola
le dejo mi número de teléfono
llámeme por favor
necesito hablar con alguien

podría haberte cogido la mano
o haberte oído

a veces recuerdo la voz
de aquella desconocida
seguramente habrá muerto

sola
muy sola

pero la botella con el mensaje
se hundió en el mar para siempre
mientras tú y yo nos devorábamos
en aquel pequeño piso del centro
como dos perros rabiosos