La poesía empieza donde la palabra pierde el sentido

silla vacía

mi madre
prepara la mesa
a la una menos cinco
como siempre

y me pone
plato
vaso
y cubiertos
donde se sentaba mi padre

enfrente
queda vacía
mi silla dura de muchacho

y es que los dos hemos muerto

ni tú
padre
ni aquel callado chaval
con el que discutías a diario
están hoy alrededor
del roído mantel de hule

sólo queda maría
en grave vestido negro
sentada
como siempre
con medio tomate
un trozo de pan
y un viejo cuchillo mellado

podría preguntarle
a maría
si recuerda algo de los ausentes
pero seguramente
nuestra ceniza
está mejor en el viento

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