La poesía empieza donde la palabra pierde el sentido

algaida

me embriago
con los murmullos
que me llegan del mar

entre mis palmas
manchadas de ceniza
erijo un alba

como un crío
creo

mi voz clama
y se ahoga en sí misma

pero sigo

bebo
de los cantos
que fluyen
telúricos

ebrio de crepúsculo
por un momento
vivo en los reflejos

el grito
de las cosas
reverbera
en mi cabeza

de la luz
la sombra

y después
vuelve el desierto

siempre

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