La poesía empieza donde la palabra pierde el sentido

muero en una ciudad

muero en una ciudad
oficialmente
rebosante de alegría

aquí no hay sitio
para los cadáveres

no busques nada triste
en estas calles

aquí
por decreto
nada muere

ni las personas
ni los animales
ni las plantas

ni siquiera las hojas
llegan a caer
nunca
de los árboles

nada ni nadie agoniza
llora
o sufre

por las noches
cualquier resquicio de pena
es conducido
sin demora
a las morgues

como si de algo pornográfico
se tratase

¿sabrá esta ciudad de su gangrena?
¿sabrá esta ciudad de sus habitantes
muertos en vida?

si lo supiera
se envolvería en una lápida
de mármol rosa

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