La poesía empieza donde la palabra pierde el sentido

la diosa blanca

me ciegan las sombras
de esta noche sin oxígeno

huyo  desesperado buscando
el regazo de las faldas
de las mujeres de los pueblos

me aprieto el nudo de la corbata
hasta partirme el cuello

y no pasa nada

por mucho que corra
por los caminos del miedo
nunca podré escapar de la nieve
que me hiela la sangre
que me congela los pensamientos
que se infiltra hasta lo más hondo de mis huesos

abraza todo mi cuerpo
como la amante más perfecta

no concibo la vida sin sus besos

por las noches salgo a buscarla
con una roca pesada sobre el pecho

espero estar entre sus brazos
cuando el alba venga a recordarme
que las diosas devoran a los hombres
por el mero capricho de hacerlo

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