La poesía empieza donde la palabra pierde el sentido

la culpa

se pone el sol
y me arrepiento como todos los días
del camino andado

llego con los pies heridos
y el alma exhausta

apenas puedo pensar

mi cráneo es un avispero
que se retuerce nervioso
por la inminencia del ocaso

tantos fantasmas a mis espaldas
que no sé dormir sin rechinar los dientes

en pesadillas me retuerzo
cada noche en el juicio final

la culpa
siempre la sucia culpa
que me arrastra sin remedio a las tinieblas

pero
quién habrá de juzgarme

dios se suicidó cuando creó el universo
y los cielos están vacantes

todas las manos están llenas de inmundicia

hay maneras de devolver los muertos
a las tumbas
pero cuando vuelvo del olvido
me siento desgraciado
y solo quiero llorar

no sé si tiene sentido vivir
en este suicido permanente

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