La poesía empieza donde la palabra pierde el sentido

frente a la eternidad

frente a la eternidad
que me señala
con el dedo del tiempo

mi rabia

y mi ignorancia

y yo luchando con jarras de vino
contra gigantes invisibles
como un pobre diablo

y yo queriendo ser escarcha
y rompiéndome en mil pedazos
ante el cielo inmenso
y ante los muertos

lucho por liberarme
de la vigilia que se toca con las manos
y enloquecer en el sueño plácido
de los místicos

pero siempre despierto
con las patadas en la nuca
del dolor ajeno

me arrancaré  los ojos
de la cara
y me llenaré los oídos
de silencio

ni el gallo de la sangre
ni el grito sin fin del tiempo
podrá despertarme mañana
de mi letargo

aunque llamen desgarradas
las lágrimas más puras
yo seguiré en el limbo
durmiendo el sueño apacible
de los creyentes

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