La poesía empieza donde la palabra pierde el sentido

un destino tan pequeño

cómo puedo
forjarme un destino
sin una hoja
de plátano de sombra
sin un dedal metálico
sin una caricia furtiva
sin un abrazo
sin un silencio
sin un sello usado

un destino
que me quepa en el pecho
que no me pese en el alma
que no se me clave en los huesos

un destino tan pequeño
que cuando lo tenga dentro
me dé la sensación
que desde siempre
ha estado en mí

un destino
para esquivar a la muerte
todas las tardes
cuando se ponga el sol

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