La poesía empieza donde la palabra pierde el sentido

me susurra Heráclito

me mientes fuente
con tu fluir monótono

discurre el agua
acariciando tu cuerpo dorado
como  si fueras una diosa
inmutable y eterna

pero no eres la misma
que miraba
cuando me senté en tu borde

no son las mismas aguas
las que te abrazan
ni es la misma luz
mortecina de marzo
la que se refleja en tus ojos
ni eres tú la misma
la que me miras embelesada

envejeces irremediablemente
mientras el agua te baña
sin descanso

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