La poesía empieza donde la palabra pierde el sentido

amortajando

purifico tu cadáver con las esponjas perfumadas del egeo
escudriño tu ser buscado máculas imaginarias
bendigo tu cuerpo con el agua sagrada del nilo
repaso cada poro de tu piel con alcoholes, afeites y agua oxigenada
te seco concienzudamente con los cabellos de mi barba
te amortajo con telas sin costuras hechas con las sedas del oriente
mis brazos te sirven de ataúd para enterrarte en la cueva más profunda
deposito tu cuerpo amorosamente sobre un lecho de lavandas y romero
sello con mil rocas la salida
y me siento con las mujeres frente la puerta
llorando tu nombre
lázaro

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