La poesía empieza donde la palabra pierde el sentido

los perros

el día que yo me muera
que nadie toque mi cuerpo helado
abrid los ventanales de mi casa
y dejadme allí sentado
señor de las moscas y los gusanos

que el olor a corrompido y putrefacto
atraiga a las alimañas y los chacales
es el perfume de la desgracia
abrid las puertas de par en par
para que triunfantes tomen su nuevo reino

dejad que alimente como despojo
a los perros salvajes
pues no ansío otra vida
ni que honren mi memoria
ni siquiera que me recuerden

soy la lumbre de la noche
que siendo ascuas de madrugada
solo quiere ser cenizas
por la mañana

quiero ser alimento de los canes
que rabiosos separen en trozos mi tronco
y que cerbero pasee por el pueblo
arrastrando mi pobre cabeza
como si mostrara un san juan bautista
que regala una mueca atroz

el día que yo me muera
no quiero reposar en mi cama
ni pongáis velas en el cabezal
no cubráis los espejos con lienzos
ni lavéis siete veces mi cuerpo
con esponjas perfumadas
no me amortajéis con telas blancas
no quiero kafán, ni tálit, ni sábanas
ni cerréis mis ojos
ni acariciéis mi cara

el día que yo me muera
que no vengan mis familiares
de tierras lejanas
no quiero a mi madre llorando
ni monedas en mi boca
solo los perros aullando
y despedazando mis carnes blancas

no creo en dios ni en los hombres
que no vengan buitres a llevarme al cielo
como he vivido quiero que se me trate

no hay consuelo para el que no siente
no hay recuerdo para el invisible
no hay victoria para el cobarde

no queméis mi cadáver con leña
ni esparzáis mis cenizas sobre el ganges
aunque lo mereciera
no quiero vuestro recuerdo

soy la brizna de hierba
que recién nacida amarillea
soy la montaña que disuelve la lluvia
mientras la tierra la eleva
soy el aborto que duerme
en el vientre de la embrazada
soy el niño que nace muerto
y soy la muerte
que de la mano me lleva

dejad que los lobos claven sus colmillos en mí
y que me desuellen moviendo la cabeza
incluso la muerte es pasajera
acaso tengo que querer panteones
lloros o plañideras
acaso soy yo tan iluso de buscar permanecer
en el recuerdo de esta tierra

el día que yo me muera
que no me recen los curas
con sus lenguas muertas
no quiero gente rondando mi casa
solo perros salvajes aullando a mi cadáver
como si fuera la luna llena
el día que me muera







3 comentarios:

  1. Duro como un puñetazo al higado, directo como la misma muerte cuando toma su decisión.Te felicito por estos versos oscuros.

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  2. Directo a las sienes y al estomago como bala asesina.
    Me encantó, Francisco, aunque duro de digerir.
    Un fuerte abrazo :))

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